Donald Trump: "Seré el presidente de todos los estadounidenses"

Miércoles, 09 Noviembre 2016 14:24 Escrito por  Publicado en Especiales Visto 402 veces

Estados Unidos adoptó el camino que la mayoría de los medios de comunicación y "expertos" políticos esperaban: elegir a este controvertido magnate nacionalista. Con todo, el Presidente electo modera su discurso tras ganar las elecciones de este martes e incluso felicita en forma conciliatoria a su rival.

 

WASHINGTON.- "Perdón por haberos hecho esperar, se me habían complicado unos asuntos". Donald Trump comenzaba así, con uno de sus típicos chistes, su primera comparecencia pública para celebrar la victoria en las urnas que le ha llevado a convertirse en el 45º presidente electo de Estados Unidos. 

Pero, excepto por esa broma, el millonario ha adoptado un tono inusualmente conciliador en su primer discurso tras arrebatarle las llaves de la Casa Blanca a Hillary Clinton. La prueba es que se ha deshecho en elogios hacia la candidata demócrata, a quien el millonario hasta hace unas horas insultaba duramente y amenazaba con llevar a la cárcel en caso de convertirse él en presidente, como ha ocurrido.

"Acabo de recibir una llamada de Clinton. Nos ha felicitado por la vitoria", aseguraba Trump al filo de las 3.00 de la madrugada de Nueva York, las 9.00 horas en España, rodeado de su mujer Melania y de sus hijos. "Yo le felicito a ella por su gran campaña y por los servicios que ha prestado al país".

CAMBIO DE TONO

Trump por ahora ha optado por dejar de lado los gritos, los exabruptos y la agresividad que le han caracterizado durante toda la campaña electoral. 

"Seré el presidente de todos los americanos", ha asegurado. Pero también se ha reafirmado en que cumplirá todas las promesas que ha hecho durante la campaña electoral. "Haremos realidad todos nuestros sueños. No hay nada que no podamos conseguir. Nos merecemos lo mejor", aseguraba, interrumpido de vez en cuando por los gritos entusiastas de sus seguidores, que coreaban a pleno pulmón: "U-S-A, U-S-A".

El próximo inquilino de la Casa Blanca ha señalado también su voluntad de tener "buenas relaciones con el exterior" y que "seremos justos con todos los pueblos y las naciones".

DUPLICAR EL CRECIMIENTO

Y, por supuesto, ha hablado de economía, que junto con el descontento es uno de los grandes motivos que le han llevado a convertirse en jefe de Estado y del Gobierno del país más poderoso del mundo.

"Duplicaremos nuestro crecimiento y seremos la economía más fuerte del mundo", ha indicado.

EN QUÉ HA QUEDADO LA CLASE POLÍTICA

La clase dirigente estadounidense se siente hoy como si la acabara de arrasar un tsunami. Desde la Segunda Guerra Mundial los EEUU no habían dado un paso tan arriesgado. La victoria de Donald Trump es revolucionaria para EEUU, cuyos dos grandes partidos tendrán que regenerarse para sobrevivir y abre un periodo de gran incertidumbre para el resto del mundo.

Habría que remontarse a 1948, cuando casi nadie dio a Harry Truman la menor posibilidad de ganar a Dewey, para encontrar otro batacazo similar de un sistema que, según el candidato ganador, está completamente corrompido y hace agua por todas partes.

En su discurso de la victoria, el vencedor parecía transformado. Agradeció y elogió a su rival, Hillary Clinton, lo mucho que ha hecho por su país y prometió trabajar para cerrar las heridas abiertas y unir a la nación en proyectos comunes como la renovación de las infraestructuras del país. 

Al mundo le prometió "asociación y no conflicto". Y añadió: "Han calificado de histórica nuestra victoria. Para serlo de verdad, tendremos que hacer un buen trabajo".

Lo más preocupante es la alegría con que la ultraderecha y algunos de los peores sátrapas de este mundo han celebrado su victoria.Si toda elección presidencial tiene algo de referéndum sobre el presidente saliente, Obama, a pesar de su popularidad, lo ha perdido, lo que pone en peligro su legado inmediato, y los EEUU han desperdiciado la mejor oportunidad hasta hoy en sus 240 años de elegir a la primera mujer al frente de la nación.

Muchos señalarán la filtración de la carta del director del FBI, James Comey, del 28 de octubre como el principio del fin de Clinton. Imposible saberlo. A la hora de la verdad, Clinton ha sido su principal enemiga.Con Trump de presidente, las relaciones con Rusia pueden mejorar y la normalización con Cuba continuará, pero el multilateralismo, el cambio climático, la agenda 2030, el pacto con Irán, la estrategia de contención de Corea del Norte y las alianzas tradicionales, si hace lo que ha prometido, se debilitarán o estancarán. Las guerras de Irak y Siria, y la lucha contra el terrorismo son páginas aún en blanco.Trump ha prometido reforzar la defensa con otros 500.000 soldados, otros 13 batallones de marines, 80 nuevos buques de guerra y otros 100 aviones de combate.

Rearme asegurado y multiplicación de la deuda, dado que pretende reducir los impuestos.De su campaña y de su equipo de transición se obtienen pocas luces, salvo la probable presencia en puestos importantes de la nueva administración del gobernador Chris Christie, del general retirado Michael Flynn, del ex presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich, del ex alcalde Nueva York Rudy Guiliani, del empresario Carl Icahn y de su jefe de finanzas Steve Munchin. Los dos últimos han sonado para secretario del Tesoro.

Muchos encuestados no dicen la verdad, la volatilidad y la irracionalidad se ha apoderado de muchos electores igual que en Europa o el método tradicional utilizado para anticipar el voto ha quedado obsoleto.Imposible distinguir en la victoria de Trump el voto de protesta contra las instituciones tradicionales, el descontento con la gestión de la crisis económica, el miedo a los inmigrantes y a la inseguridad, y la tradición de no reelegir al mismo partido para tres mandatos seguidos en la Casa Blanca. Sólo con Bush padre en 1988 se había roto esa tradición, ayer recuperada.

Boicot republicano a la campaña de Trump Sobre el papel, los republicanos ayer lo ganaron todo: la Casa Blanca, las dos cámaras del Congreso y la posibilidad de condicionar durante mucho años el rumbo del país con el nombramiento de uno (el vacante desde hace meses de Antonin Scalia) o dos puestos del Tribunal Supremo. El problema es que la mayoría republicana del Congreso boicoteó la campaña de Trump y no comparte casi ninguna de sus milagrosas recetas para curar los males del país. 

Sobre los grandes retos internacionales, en principio Trump prefiere evitar nuevos compromisos y soltar lastre: que los demás resuelvan sus problemas.Muchos de los jóvenes que dieron la victoria a Bernie Sanders en 23 estados en las primarias no votaron a Hillary Clinton. Algunos apoyaron al tercer candidato Gary Johnson.Las mujeres no castigaron como se esperaba a Trump a pesar de todos los escándalos y, en cambio, entre un 60 y un 70% de los hombres blancos (más que a McCain y a Romney) le dieron su voto porque era la única opción que representaba, de verdad, un cambio.

Según las encuestas a pie de urna, a Clinton le han votado el 65% de los hispanos, el 88% de los negros y sólo un 37% de los blancos que acudieron a las urnas. Trump se habría llevado el 29% del voto hispano, el 8% del voto negro y el 58% del voto blanco. "Los demócratas dieron la espalda hace tiempo a los trabajadores y se echaron en brazos del dinero", explicó anoche Robert Reich, secretario de Trabajo con Bill Clinton. 

Si escuchamos a sus principales biógrafos, al constructor neoyorquino aupado por la televisión y el odio sembrado por los republicanos de Newt Gingrich desde mediados de los 90, siempre le ha importado más ganar que gobernar, la imagen que la política. Algo parecido dijimos de Reagan en 1980 y acabó sorprendiendo a todos.Un demócrata que se volvió republicano para presentarse a las elecciones y que siempre ha actuado como independiente ha derrotado a sus 16 adversarios republicanos y a la candidata demócrata Hillary Clinton sin ayuda de ninguna de las instituciones más poderosas del país, pero su libertad se verá muy limitada si no consigue el apoyo del congreso. 

Aunque los republicanos hayan conservado el control en las dos cámaras, el programa de Trump está casi tan lejos de la mayoría republicana en el Capitolio como lo hubiera estado el de Clinton. El choque está asegurado.

Agencias

 

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