REFLEXIÓN, CORDURA, PERO CAMBIO INTRANSABLE…Y QUE NADIE SE SIENTA INVITADO A UNA FIESTA QUE NO LES PERTENECE…

Martes, 12 Noviembre 2019 06:06 Escrito por  Publicado en Nacionales Visto 1586 veces
La ciudadanía auto-empoderada; la actual institucionalidad, en jaque. La ciudadanía auto-empoderada; la actual institucionalidad, en jaque. Redes

Para que el despertar de Chile sea conducente y no caiga en el letargo acomodaticio de los poderes del Estado y los  fácticos. Hoy en pueblo empoderado es más y una huelga, por ejemplo, no quita ni pone. Complica a quienes supuestamente pretenden apoyar. “hoy somos dueños del destino de este país, bajo un respeto en tránsito de la institucionalidad vigente, empoderados en las calles, o con la pluma independiente del periodismo que no tranza sus convicciones ante los poderes seudo-dominantes y con clara discapacidad en las gobernanzas elitistas. Libertad, Igualdad, Fraternidad y Justicia Social, ahora, con la prudencia republicana del cambio.

Por, Gustavo Cid Asenjo

Han transcurrido cuatro semanas de revuelta social, a partidista en su inmensa mayoría. Ciudadanos de todos los estratos sociales se han manifestado pacíficamente en las calles, en jornadas inéditas y por tanto históricas por su naturaleza, sólo alteradas por el vandalismo delincuencial; la ira por la frustración contenida que termina en violencia; la acción de grupos organizados y concertados y la imprudencia policial manifiesta, que se debate hoy con eufemismos en Chile, pero con claridad en el mundo, no sólo desde el ámbito político, sino que académico y científico, como si una patología represiva de horror recorriera Chile, bajo el aval de su propio Estado.

Cuando la legítima, tardía, aunque siempre oportuna desobediencia social, se ha tomado el país, sin banderas políticas partidistas, sino que como expresión de la más elocuente frustración y repudio al modelo económico social impuesto en Dictadura y tolerado luego de ella, apenas con cambios cosméticos, -incluyendo a administraciones que derribaron al propio régimen autoritario-, parece conveniente hacer una pausa reflexiva de presente y futuro.

Si el mismo autor de estas letras habló hace cerca de tres años de “empoderamiento ciudadano por sus demandas; por su derecho a exigir más ante la angustia y la frustración” manifestada elocuente, pero también parcialmente en las calles, hoy, el ciudadano es dueño del destino de este país bajo un respeto en tránsito de la institucionalidad vigente.

La misma que no da para más, pero que existe y,  derribarla, -aunque mayoritariamente todavía no guste, ni interprete, ni es justa-, se debe tener la misma sapiencia que levantó hace cuatro semanas esta masa crítica para enrostrar, repudiar, exigir el cambio estructural;  para encausar su internalización ciudadana, que ya la vive, y vive diciéndolo cada día, bajo no el imperio de las componendas y las “cocinas” políticas legislativas, sino que en base a el diálogo comunitario, sino vinculante, de categórica presencia, a modo de exigencia vital para el futuro del país, ante quienes deben tomar la decisión en cuatro paredes cerca del patio de Los Naranjos o en un hemiciclo, ojalá y por imperio del pueblo que los eligió y al que representan, con la sapiencia de Estado de gobernanza país, que hoy no se tiene, pero que este pueblo empoderado les está enseñando.

La transversal decisión política de la Asociación Chilena de Municipalidades de convocar a consultas ciudadanas, es un claro ejemplo que los poderes del Estado han sido superados, pero no con el afán de desestabilizarlos, por ahora.

Habrá así un aire, para no seguir pensando respecto a la pertinencia de las huelgas nacionales que no convocarán a dos millones de chilenos en las calles: esa historia de un viernes revolucionario de octubre, no se borrará jamás, ni con las decisiones seudo complacientes de un gobierno taciturno ni un Congreso, en el más bajo desprestigio, pero están…

No es el momento para botar a Piñera ni al Congreso y caer en un vacío de poder de insospechadas consecuencias: al menos todavía no, para hacer cambios profundos, estructurales, en el marco de una estabilidad democrática que está dando el pueblo, no los poderes del Estado.

Entonces, una nueva Carta Fundamental, reescrita, sin las miserias  de los articulados pinochetistas ni los maquillajes bien intencionados de Lagos.

Chile cambió, es otro;  o bien, es el mismo que llevamos dentro, desde décadas.

Pero, no le hagamos ruido al movimiento social genuino, con huelgas generales que al final, después de la destrucción vandálica y el temor, de ciudades convertidas en virtuales fuertes de defensa; sin  comercio activo; con gente que se va a la cesantía; con adultos, personas comunes y adultos mayores que hace sus mayores esfuerzos por concurrir a oficinas públicas o privadas se encuentran con accesos tapiados por los excesos al margen de la conmoción social; es decir el vandalismo, la delincuencia, las organizaciones ultristras y a los aprovechadores, a quienes seguiremos beneficiando si les damos lugar para ello,

Quiero decir que,   por tanto, sigamos en estado de rebeldía, hasta que vía, primero, una nueva Constitución o bien Agenda Social sin precedentes, prudentemente generosa y justa, ante la desigualdad, o ambas a la vez, hagamos que Chile siga Despierto, o nos siga despertando o despierta a quienes, especialmente en un estado palaciego de burbuja o compromisos a diferencia de otros muchos que víctima de sus agentes, han perdido la vista, no termine por perder la audición con sentido de masas, porque escucharse a sí mismo, ya no le sirve.

Hay genios, líderes que teniendo capacidades diferentes respecto de quien o quienes suponen tener calidad de estadistas son mejores y, más capaces y más nobles.

Lo mismo para quienes, tras el estallido social espontáneo, auto convocado, sin color político ni ideologías dominantes en el movimiento, están produciendo esta revolución masiva por un Chile Nuevo, una revolución en libertad auto-conferida, pese a los atentados a los derechos humanos de las fuerzas represivas; o bien, fomentando, más que adhiriendo, bajo organización en sedes con acento ideológico (de legítima y lógica protesta reivindicativa, en su  momento)  parecen perder la brújula respecto al escenario global, no particular o particular-sumado, a un estallido social que no les pertenece. 

El 90 por ciento de Chile, puede compartir demandas gremiales, de similar naturaleza a la exigencia popular empoderada por sí misma, la que hoy ya no está en condiciones de sumar ideologías modernas o trasnochadas, sino que adherir a una causa natural, como el pasto verde del sur, el viento, la arena del desierto, sin que se le pinten colores de proselitismo, como en la época de la Guerra Fría, cuyo muro del estigma divisorio cayó hace ya también 30 años, producto del ultraísmo que hoy quiere seguir conviviendo por la fuerza y apoyo de poderes fácticos no captados por la inteligencia estatal, pero que existen para destruir, no para reconstruir, como es la esencia de este movimiento popular.  

Libertad, igualdad, fraternidad y Justicia social, ahora, con la prudencia del cambio Republicano.

  

jas_toxico

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