ENHORABUENA: LA REALIDAD DE LOS CHILENOS OFENDIDOS, EMPOBRECIDOS E IGNORADOS, AHORA AUTO- EMPODERADOS, RECORRE CHILE

Lunes, 21 Octubre 2019 02:09 Escrito por  Publicado en Nacionales Visto 779 veces
No los moverán, ni detendrán No los moverán, ni detendrán Redes

Estallido social, rebeldía masiva, desobediencia ciudadana, es un colectivo sin líderes, porque es el pueblo que despertó para luchar por su dignidad, sus derechos, versus la impunidad, la injusticia y el abuso de la minoría. Respondan ¡¡¡ahora!!!, a la mayoría presente y activa, todos los pocos que ostentan poder. Respondan al verdadero poder de un Estado: el pueblo, que los puso donde están…

El pueblo de Chile, que está manifestando tan elocuentemente su descontento por la injusticia, el abuso y una vez más, -pero ahora de forma colectiva-, su malestar con la clase política y las distintas administraciones gubernativas, espera, más bien exige,  que este estallido de descontento termine, en su debido momento, no sólo con la suspensión (que no es congelamiento o nulidad) del alza de los pasajes del Metro, sino que, en el marco de una política de Estado, en la medida que el actual gobierno sea capaz, de generar un paquete estable de medidas transformadoras, que incluya la aspiración de todos los chilenos -no pudientes y que se expresan en las calles-, de forma integral, estable y sin presiones de los poderes fácticos nacionales, respecto de los cuales el poder político no puede seguir claudicando o subyugado, por el imperio de campañas del terror, de la corrupción y los receptores, practicantes de la misma.

 

Porque desde hace décadas, SÍ se ha claudicado al amparo de la estabilidad económica del país y supuestamente de la gente. Sin embargo, como nación se podrá exhibir un buen perfil económico mundial, pero, en definitiva ha sido a costa de la mayoría de los chilenos y siempre en beneficio que unos pocos, que como ricos, se defienden solos, mientras los pobres no pueden, no han tenido ni tienen quien los defienda, porque no se ha querido, -no por falta de visión, sino que por intereses subalternos, soterrados, de quienes mandan, legislan y sus respectivos séquitos de poder-, sea bajo el amparo de la representación popular o de instancias fácticas que co-gobiernan con solidez, desfachatez, sin el más mínimo espíritu republicano, que obviamente no les interesa o soslayan. Para ellos es sólo un concepto, más que un espíritu, como SÍ lo demuestran cada día los hombres y mujeres que el ministro Fontaine (Economía) invita a levantarse más temprano para llegar al trabajo si no pueden pagar el pasaje de la locomoción.

Este es un Chile de ofensas diarias, que si bien no salen en televisión, uno las vive cotidianamente, al interior de una casa, de un hogar desde donde escuchan cantos de sirena del mundo político y de los gobierno de turno; se publican las estratosféricas y desvergonzadas utilidades de empresas y consorcios, mientras falta el pan y sustento para los niños que este Chile que ofende no les ofrece futuro; prefiere exhibirle en sus rostros y en sus estómagos miseria, la misma que en otra dimensión tienen quienes propician o son estandartes de la ganancia, la utilidad, sin sensibilidad social, la que no importa en un sistema económico de privilegios, pero también de agravios ya consuetudinarios.

Entonces, si bien el chileno es paciente, pone la mejilla por décadas y se mantiene en un estado de casi obligada somnolencia, incuba el dolor, la impotencia,  la frustración, la necesidad latente, alega en silencio, resiste al martirio y al drama; sabe también que todo tiene un límite porque si el bolsillo ya no resiste, o nunca ha resistido, la mejilla y las dos, tampoco. Tanto golpe aburre, cansa y llama a actuar. Hay pueblos que se vengan de quienes han hecho uso del poder en su nombre; que gestan revoluciones por el cambio pacíficas o armadas, como se dio en el tiempo de la Guerra Fría, o como nos enseña la historia.

Otros, agitan el cóctel de descontento que llevan dentro, para salir del trago amargo.

Y lo hacen de forma espontánea, como ahora en Chile, sumando y sumando; sin líderes ideologizados, ni ideologías que patrocinen o fomenten el movimiento. La espontaneidad es su arma para gestar un colectivo; para despertar masivamente y enrostrar, para pedir cambios radicales entre su relación como pueblo y sus gobernantes, para exigir al Estado en que viven dignidad, bienestar, estabilidad para salir de la vulnerabilidad, pobreza o mala calidad de vida a la que se les ha inducido por políticas en los que han estado ausentes, siempre.

Dignidad y justicia, ante la desigualdad y el abuso que se comete en sus narices, con la  complicidad del Estado. Atención versus displicencia, indolencia o vacilación.  

Sólo cabe preguntarse si el Gobierno actual, -a quien le rebotó la revuelta en la cara, también producto de sus propias decisiones y errores-, así como los otros dos poderes del Estado, serán capaces de liderar EL CAMBIO, no sólo con apego a las aspiraciones de la gente, sino que resuelvan, ahora, -sin la dilación habitual-acomodaticia, que no se aceptará-,  las demandas justas e impostergables; hacer justicia, sin los tribunales de justicia, con la razón, con sentido de bien común, con espíritu de sensibilidad social, más que solidario. No, porque el único solidario con todo el itinerario ofensivo, de fomento flagrante e irresponsable de quiebre de su dignidad y voluntad contra la gente, ha sido precisamente el propio pueblo que se levanta en rebeldía, porque hasta ayer, se sintió obligado, silente.

Pero como en los grandes movimientos de cambio en el mundo, hoy, como en la historia, este tipo de movimientos llegó para quedarse y ya no acepta excusas. Como dijo recién un profesional, “este no es sólo un movimiento de los más humildes, es de todos, incluso de los que tenemos mayores ingresos que el sueldo mínimo; no hay desigualdad en esta explosión social, porque el señor Piñera y los políticos tengan claro, estamos representando al 90 por ciento de los chilenos”.

Clarísimo.

Ahora sólo queda que se unan los que deciden y respondan sin cosmética ni eufemismos; sin pataletas parlamentarias, sin soberbia gubernativa, sin buscar seudo-prestigio económico-social ante el mundo, a costa del bolsillo de todos, de la dignidad mancillada; del orgullo personal y familiar retenido; de la propia inoperancia y desapego del poder establecido.

Respondan ahora, todos los pocos que ostentan poder, a la mayoría…el verdadero poder de un Estado.  

Por Gustavo Cid Asenjo

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