53.- Memorias de Don Jubilón

Jueves, 18 Junio 2015 03:02 Publicado en Don Jubilón Visto 1573 veces

IV Parte. Quince años en Santiago, capítulo 12.- Tercer Año complicado

Apelotonamiento del engrudo.

En tercer año  surgen ramos nuevos  maravillosos y entretenidos. Fisiología  permite conocer de cerca el funcionamiento del cuerpo humano, experimentando con perros y gatos. Farmacología por el contrario un ramo tedioso, pero enseñado por el Dr. Muñoz, que convierte esos desiertos en oasis casi poéticos. De entre el centenar de materias que forman a un futuro dentista,  al egresar  elijo la Física Médica que nos enseñó el Dr. Livio Paulinelli en primer año; y la farmacología de Muñoz. El cuco de Tercer año es Microbiología, materia en que un dentista debe ser un experto, pues la boca es un nidal de bacterias y virus. Y además  reino del Lactobacilo Mutans,  que produce la caries dentaria y debe ser conocida al revés y al derecho  Clases teóricas martes y jueves en  la mañana;   y laboratorios a las 14 o 16 horas en la tarde. Se exige 100% de asistencia y se me “apelotona el engrudo”

Todos ayudan en la escuela

Especialmente el Director, que me permite una maniobra  salvadora: ser remplazado por un profesor trasladado desde  Toltén que  llega trasladado, pero sin curso ni sala. Suerte  para mí, que podré sobrevivir por lo menos el primer semestre con los deberes en el laboratorio de microbiología. Dos anécdotas inolvidables. En uno de los primeros trabajos por hacerme el galante con la Dra. “Espiroquetita”,   reúno en un manojo con todos los tubos de ensayo  de mi grupo, pero  inadvertidamente  se desplaza  el tubo central  del ramillete y sólo salvaré la mitad de la catástrofe. La Dra.  aborréceme  con razón.  A la semana siguiente debo hacer malabares para llegar al laboratorio viajando extraordinariamente en la motocicleta hasta Mapocho. Llego sudando y encuentro un relajo inusitado: El trabajo de ese día esta resumido las instrucciones de la Dra. “Pollito” :  1.- Abra la Placa de Petri. 2.- Tosa sobre ella.  3.- Cierre y lleve a la estufa. ¡Eso era todo ¡ Cinco minutos  y todo listo!  Y para eso cruzar medio Santiago como motorista loco. Entonces supe que el segundo semestre debería pedir permiso sin goce de sueldo.

Convertido en un alumno 100%

Fue muy interesante desacelerar la motocicleta y suspender los viajes de locura durante el segundo Semestre. Aunque las huelgas  universitarias    que promueve nuestro compañero  Alejandro Rojas me ayudan, los tiempos no me dan y debo pedir  permiso   en la Escuela Pública. . Tenía cinco años más edad que mis compañeros y me respetaban por lo de ser profesor. Por eso me convierto en Delegado de Cuso por mi buen desempeño en una  asamblea, donde enfrenté a Rojitas discutiéndole un proyecto de “toma” de la Escuela. El me paso  la cuenta con esta lija gruesa: - ¿Como usted compañero – que trabaja como profesor en una población proletaria -, puede ser tan “momio”?.  -  Y por lo mismo, respondí, es que me aterra la dictadura del proletariado, “compañero Rojitas”.   La Democracia Cristiana era el principal oponente del PC y entonces los “compañeros”  trataron de especular con la posibilidad que le restara votos a la DC como independiente. Entonces  Rojitas ya pintaba como Presidente de la Fech.  No pisé  ese  palito porque surgió otra contingencia:   el traslado de mi novia desde Concepción.  Sus padres no pudieron disuadirla y ella consiguió ser aceptada en un cupo para seguir  estudiando  Medicina en Santiago y en la Universidad de Chile.

Un paseo y un discurso lacrimoso

Mi gran gestión como delegado de curso, fue gestionar un bus de la Universidad para hacer un paseo de fin de año a la costa. Llegado el día y la hora convenida, mis compañeros no se lo podían creer cuando  apareció un bus nuevo, en el cual hicimos un paseo espectacular a la playa, en un día inolvidable. Terminando el ramo de Farmacología   hice un  sentido discurso  de reconocimiento al  extraordinario Dr. Muñoz,  que hacía florecer magistralmente el desierto  de farmacología. Y como mis palabras emocionaron vivamente al Profesor, mis compañeros pensaron que yo además podría hacer carrera política, pero mi tiempo expiraría  a fines del primer semestre del cuarto año..

Nuestro curso  saca la Reina de la Semana Mechona

Apaciguar a  la patota de palomillas de mi curso que  hizo estragos en el Primer Ciclo de nuestros estudios en la Escuela Dental, permitió coronar la faena de Delegado, ganando todas las tareas de la Fiesta Mechona  1968.  Y con Reina incluida.  Fueron maravillosos esos dos semestres, pero las cosas se complicarían de nuevo, porque además necesitaba con urgencia de nuevo el sueldo, para apoyar  en mi casa y la nueva urgencia  de responder también como novio. La nueva estrategia  sería hacer el programa de prótesis fija y removible  asistiendo sólo  al 50% de los tiempos. En ambos casos  importaba cumplir el programa de trabajos y no la asistencia  obligatoria.

Las primeras extracciones y los “fierros” ortodóncicos.

 En  las primeras  experiencias quirúrgicas vuelvo a tener suerte  con un instructor notable. El Dr. Samy Alamo  luego sería un fraterno  amigo y terminaríamos  compadres de por  vida. Pronto compartimos la amistad con nuestras respectivas familias pasando lindos  momentos  que se extenderían mucho más allá del trabajo en la clínica.  Los padres de Sami de origen libanés,  constituían una familia alegre y bastante numerosa, con una historial  de esfuerzos provincianos  en Ovalle, Monte Patria y Tulahuén. Mi amigo Samy  será protagonista de otras anécdotas  en esta narración,  que  narrará posteriormente con talento de humorista…Compadre, choqué mi auto con el único caballo disponible en Las Condes”… En Quinto año ya  tenía claro que mi especialidad  sería la Ortodoncia y no la Cirugía. Y justamente en el Hospital José Joaquín Aguirre,  se abriría el espacio para la especialidad  que prácticamente elegí la primera vez que ingrese a la Escuela de Odontología de la Universidad de Chile, llevando facturas como  junior de la Casa Alberto Brain, Importadora de  Artículos   Eléctricos  en calle San Antonio. En una vitrina había macromodelos con aparatos ortodóncicos, que me parecieron sorprendentes, cuando no me pasaba ni por la mente estudiar odontología. 

 

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