62.- Memorias de Don Jubilón

Martes, 08 Septiembre 2015 14:27 Publicado en Don Jubilón Visto 921 veces

“Hay una historia sobre los dioses griegos… Que estaban aburridos y entonces inventaron a los humanos… Y como volvió el aburrimiento inventaron el amor…. Entonces surgió la tentación de  probar el amor ellos mismos…pero persistiendo el  aburrimiento, finalmente  inventaron la risa, para tolerarlo.” (Inicio de la película  “Golpes de amor” con Morgan Freeman).

Parte IV :    15 años en Santiago

21.- Tiraje en la chimenea: Calzando justo

En los tiempos que narro el Gobierno de la Unidad Popular le empezó a hacer sutiles encuentros con  las Fuerzas Armadas y uno de ellos  me benefició tempranamente en lo profesional, despertado  que también se anticiparon abruptamente. El tiraje en el escalafón Sanidad Dental históricamente había sido lentísimo, pero de un día para otro se le hizo justicia generando cinco plazas para Capitán de Bandada (SD).  Estas  plazas,  como de costumbre  eran concursadas y  servidas  por estricto orden de antigüedad. En este caso el  correspondiente a los dentistas civiles varones,  y,  no me habría cambiado la vida si el quinto adjudicado, no hubiera renunciado a tal ascenso a la Planta Militar. Así,  con apenas  seis meses de antigüedad  fui animado a iniciar los trámites para vestir el uniforme de la Fuerza Aérea de Chile. Igual  como ése oficial de la Escuela de Aviación que  había respondido mis consultas  14 años antes, cuando secretamente  fui a esa escuela a indagar mis posibilidades de ingreso. Entonces eran nulas.  Aproveché  hacerlo cuando   mi hermano mayor me invitó a conocer Santiago ( Parte III. Cap.38).   Y ahora, por otra vía jamás pensada, terminaría vistiendo ese  esquivo uniforme. Mis jefes también estaban  felices que hubiera “calzado justo” y lo primero fue certificar mi “Situación Militar”.  ¡Y la tenía!

-Disponible sin Instrucción

 La diligencia me recordó que cuando  acudí  al Cantón correspondiente resultó que estaba REMISO, lo que en primera instancia  jugó en mi contra. Luego,  ser  profesor con licencia al día  estimuló mucho a los sargentos seleccionadores,  para dejarme  acuartelado en primera selección. Además que estaba totalmente sano,  su ojo clínico les decía que si no era bueno para el fútbol, sería un excelente soldado marchando para las Fiestas Patrias. O enseñándole a leer a los conscriptos  más porros. Les bajó el entusiasmo cuando   dije que estaba trabajando ya en la Población San Gregorio, y, aunque  me  atraían las formas militares, no podía dejar abandonados a esos 60 niños y niñitas que tenía a cargoa partir de las 13.30 de lunes a viernes. Luego de varios  tiros y aflojes me llevaron donde  Mi Capitán, quien evaluó con criterio la situación.  Y refunfuñando  certificaron mi calidad de  “Disponible  y sin Instrucción”.

- Entre giros y manejos

 Ahora, antes de vestir el uniforme se requería  dominar tres básicas formas militares: 1.- Aprender de memoria el Juramento a la Bandera. Ello  fue una bicoca   comparado con el poema “AL PIE DE LA BANDERA” (de Victor Domingo Silva) que recité varias veces en la Escuela 1 de Yungay, maravillando a los profesores y lateando mortalmente  a los alumnos. 2.- Aprender a girar y  marchar con prestancia e hidalguía en  cuatro prácticas planificadas   en la Base Aérea de Colina  - previo a  las ceremonia de  juramento -,   en el próximo aniversario de dicha repartición aérea. 3.- Aprender a manejar el sable de Oficial, que con igual y natural respeto debía ser desenvainado para Jurar a la Bandera. Luego, puesto de nuevo en su vaina sin contratiempos,  ya convertido en un Oficial de la República y de los Servicios de la Fach.

-  Ejercicios preliminares

Estaba tan contento con esta nueva bendición que me había caído encima, que puse toda el alma para cumplir de la mejor manera posible  - en cuatro prácticas-  lo que le toma un año a los conscriptos manejar y disparar con éxito su fusil de cargo (“que debe amar como a un hermano pues les  puede salvar la vida”). De hecho el sable  me cambiaría la vida , pues una vez jurado a la bandera pasaría por mucho tiempo a vivir medio día en un cuartel, donde conocería a toda la familia aérea. Porque un Dentista Militar atiende en una Base Aérea desde las guaguas que van naciendo  gasta los jefes que van jubilando como Coronel o General. En esas prácticas de Colina  a ratos andaba con a mente perdida de entusiasmo  y hasta  vino a mi mente el único poema que he escrito ( me gusta más escribir “ para el lado”, que “para abajo” : “ En 1942  fui fusilado por traición a la Patria/ Era piloto de la Luftwaffe / Y no callé mi asco por “la solución final”. / Junto con la pesada descarga /  Mi alma voló y voló hasta Contulmo /  Donde estaba una mujer pariendo”.

- Ensayo  y “Condoro”.

Llegué más temprano que de costumbre a la segunda  práctica de marchas, giros y manejo de mi sable.- Vendría a constatar nuestros avances el mismísimo  Comandante de la Base. Como era temprano  y estaba prácticamente sólo,  volando en mis ensoñaciones  cometí el error de encender un cigarrillo. La idea era darle sólo un par de chupadas  “de  contexto con el poema”; pero la última  fue fatal, cuando la voz del comandante tronó a mis espaldas:”¡ Y Usted que se ha imaginado!  Luego me subió y bajó con toda razón. – ¡Es lo mismo que yo entrara fumando a su pabellón de operaciones!!! – remachó con  furia,  pero  observé un guiño de picardía en el  brillo de su mirada.  Nunca me olvidaría de ese “condoro”,  que me ayudó a comprender mejor  la vida militar,  que me esperaba en el futuro 

Regocijo en Las Condes

Mis vecinos gozaron como niños cuando los invité junto con mi esposa al Juramento a la Bandera en Colina. Fue como si ellos mismos se estuvieran poniendo el uniforme. Igual  pasó con todas las nuevas amistades, siempre  generosas  para “untarme” con el furioso negocio de los autos, que arreciaba en Chile coordinado desde  el Estanco Automotriz. Estar en “lista” también ahora  era regalía para los oficiales de las Fuerzas Armadas, pero no bastaba ser Capitán, había que ser por lo menos Comandante de Grupo, grado que con suerte yo podría tener en unos 15 años más. La suerte otra vez estaría conmigo en esa ceremonia de juramento,  por partida doble. Resultó que el Encargado Aéreo de la Embajada de Brasil era conocido de mis  vecina por  lo de la Cepal;   y nos ofreció para que viajáramos con mi esposa a Río de Janeiro en el Avión Correo Brasileño que  venía a Chile una vez al mes. Le empezamos a dar vuelta al asunto pues tomaba  poco más de una semana en total. El  atractivo adicional era una  escala  que  permitiría visitar a otros amigos en Buenos Aires y al hermano de Sami que trabajaba en Caieiras,  no tan cerca de  Sao Paulo.  Pero podíamos pernoctar allí donde ese Dr. Brasileño que vino al Congreso de Ortodoncia, del Dr. Pequeño (que siempre daba jugo para sus alumnos fieles). Fui a visitar al Coronel brasileño, luciendo mi uniforme  y nos concedió inmediatamente dos pasajes para el próximo mes en el avión correo. Y mi jefe, generó los permisos como premio del  ascenso.

 Próximo Capítulo  63/22.  Turismo por fé

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