59.- Memorias de Don Jubilón

Domingo, 09 Agosto 2015 03:14 Publicado en Don Jubilón Visto 1055 veces
Mentor T34 de la FACH de los años70 Mentor T34 de la FACH de los años70 elgong

Los tiempos que narro en este capítulo corresponden a mi primer tiempo como dentista civil en la Fach, que permitió conocer más de cerca el mundo de la aviación. Coincide con una gran conmoción política nacional, donde nadie puede darse el lujo de ser imparcial. 

“AVATARES Y MILAGROS”    ( Parte IV :    15 años en Santiago)

Capítulo 18.- “Con las alas enarcadas… “

Los tiempos que narro en este capítulo corresponden a mi primer tiempo como dentista civil en la Fach, que permitió conocer más de cerca el mundo de la aviación. Coincide con una gran conmoción política nacional, donde nadie puede darse el lujo de ser imparcial. La elección presidencial a tres bandas marcó también tres tendencias gruesas  entre las que todo ciudadano  era casi obligado a reconocerse. Derecha, Centro o Izquierda.  Yo matizaba  entre centro y derecha  por la experiencia vivida en  el Magisterio y luego en la Universidad. Vacunado políticamente, ello se afirmó con el ingreso a las  fuerzas armadas, que deben servir a todos los gobiernos. Eran tiempos duros para los militares, paulatinamente  tironeados  con urgentes razones extremistas, que siempre andan a contrapelo con la democracia.  Muy ocupado y siempre interesado en la Historia de Chile, ya entonces  “no comulgaba con ruedas de carreta”.  

 Transformación de una auxiliar flojilla

Este fue mi primer empleo público  donde estaban todos los recursos y disciplina  para trabajar bien, pero hacerlo requería de una vocación personal. Entonces observé que mi auxiliar - que llevaba varios años trabajando en esa clínica de urgencias -,  tenía una idea fija:    allí se le quitaba el dolor al paciente  y punto. Entonces se le derivaba a un dentista tratante, y podía  pasar varias semanas hasta que  se encontrara una hora disponible.  Cuando le pedí que me consiguiera material de obturación definitivo puso el grito en cielo: Dr.: “Eso no se hace en esta clínica”. Entonces le fui cambiando de a poco la mente, mostrándole un Plan B sobre lo que podríamos hacer. Vea este paciente con dolor  por una caries,  que todavía no llega al nervio; le ponemos anestesia, pero en lugar de extraerla ( que sería una barbaridad ) limpiamos la caries y le colocamos un cemento  que le puede durar un mes o más, luego volverá de nuevo con dolor. Citemosla en dos semanas y en 10 minutos la obturamos  con un material permanente. Entonces le  explique al paciente “que gracias a la diligencia de ella” … su pieza dentaria adolorida seguiría en boca por muchos años. Cambió su manera de pensar  cuando se sintió parte de los beneficios a los pacientes en que ella participaba. Y  le tomó gusto a eso de ¡salvar muelas!  Entonces  escalamos otro peldaño: Toda la catástrofe de una pérdida dentaria,  tiene un punto de inflexión: cuando la caries llega hasta la pulpa y “duele como caballo”. Entonces la urgencia es poner anestésico y extraerla. Sin embargo el plan B: con la pieza anestesiada extraer el nervio con una pequeña herramienta y lavar con  hipoclorito de sodio y agua oxigenada. Luego colocar una puntilla de papel untada con un bactericida, y sellar la cavidad provisoriamente.  A los quince días el paciente llega sin dolor y se obtura el conducto con un cono de gutapercha y se sella con un cemento duro. Ella  consiguió todos los elementos. Y ambos nos cubrimos de gloria, porque  estas intervenciones exitosas  sumaban  mucho mayor puntaje en el cómputo mensual , que las simples urgencias. Y ambos  empezamos a sacar “ buenas notas” y ella a disfrutar con su trabajo.

Beneficios imprevistos 

En otra oportunidad el beneficiado fue un Comandante de Grupo, que pilotaba  cuadrimotores DC6. Su  agradecimiento fue  muy singular,  al preguntarme:   ¿Ha volado alguna vez  Dr.?  Respuesta: No.  -Lo invito para ir el otro fin de semana  a Punta Arenas. Una  experiencia inolvidable,  que rebasó todas las expectativas. Viajé en la cabina junto a los dos pilotos y un ingeniero de vuelo, soñando ahora con escenografía real, que yo pilotaba el avión.   No había mucho espacio allí  y me ajustaron en un banquillo como de mesón de cantina, señalándome dos manillas a las que debía sujetarme “con dientes y muelas” en los despegues y aterrizajes. Dos horas hasta Puerto Montt y de ahí mas de tres  hasta Punta Arenas. Total 10 horas de vuelo en platea privilegiada comiéndome con los ojos un panorama exterior y un ajetreo interno que incluyó  el  vuelo por instrumentos con cero visibilidad. Vi a los pilotos algo nerviosos discutiendo, pero   después me dijeron que me estaban asustando en este “bautizo aéreo”. Entendí que había una emergencia de comunicaciones  y dificultades de vuelo, que me iniciaron en un  rezo mental,  pidiendo al Altísimo que “no me llevara en este accidente aéreo “, justo cuando lo estaba empezando a pasar extraordinariamente bien en esta vida. Grande fue la alegría cuando se despejaron los vidrios y apareció la tierra más abajo llegando de vuelta a Puerto Montt. En otra oportunidad un General Ingeniero, académico de la Escuela de Aviación,   agradecido por la excelente atención recibida en la clínica de urgencia; me invitó a cenar con su familia en su casa  y con mi esposa.

Una paciente singular

Mi ahora  flamante secretaria  me pide un favor:  Quiere hacerle una atención a una vecinita  que anda con dolor “ y no tiene nada que ver con la Fach”…y en un dos por tres nos coludimos en esa atención “ ilegal”.  Cuando le pregunte a esa quinceañera su nombre,  dio un apellido tan  inolvidable, que  mi mente voló 12 años atrás, cuando  ejercí como Junior en una Importadora de Artículos Eléctricos, ubicada en calle San Antonio dos cuadras del Teatro Municipal. Y el recuerdo fue inmediato. Lo narré en el capítulo 3 de esta IV Parte).  “ El otro tipo  que resultó inolvidable  de esa primera experiencia laboral en Santiago,  era un chico algo esmirriado, de grueso bigote  de apellido yugoslavo. Llevaba la contabilidad y me entregaba personalmente los cheques y dineros para depositar. Era un fumador empedernido que además consumía litros de café cada día. Un personaje  como de novela de Kafka que hablaba a punta de garabatos,  y,  por una razón inexplicable, parecía odiarme desde que me vio. Yo con buena voluntad estaba disponible para ir a comprarle cigarrillos o servirle un café, pero él  lo pedía de manera absolutamente desquiciada. – Oye cabro “conchetumadre” , anda comprarme un  paquete de Premier Ambré. Y lo quiero con un café bien caliente. Y no me “quedís  mirando con esa cara de huevón, como preguntando o reclamando por el trato, porque yo soy así. Y punto. Y ahora muévete rápido.  No era mala persona, pero fumaba mucho .  Misteriosamente, como casi todo en mi vida,  es el único que apareceré de nuevo en estas memorias, de todos los que conocí  como junior.

Creciente camaradería aviática

La mayoría de los oficiales  en la Dirección de Sanidad eran profesionales de la  Salud. El Director  era un Medico con grado de General. Enl Sanidad Dental   era un Coronel de Sanidad Dental.  Siempre se empezaba como Empleado Civil,   estableciéndose  un riguroso control de la antigüedad. Al producirse  una jubilación o ascenso,  había  “tiraje en la chimenea”. Me llamó la atención la disciplina , la puntualidad y la camaradería, que se  colaba también entre esta milicia sanitaria. Ese espíritu de cuerpo  que existe en las Instituciones militares. Igual en 1810, 1970 u hoy, la gran mayoría  de sus representantes son buenas personas y excelentes chilenos.

Próximo capítulo (60/19 IV Parte):   Nuevo vecino en Las Condes

 

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